Luego del ataque estadounidense y detención del destituido presidente Nicolás Maduro, la administración del estadounidense Donald Trump anunció un acuerdo con Delcy Rodríguez, actual titular de la gestión venezolana, para importar entre 30 y 50 millones barriles de crudo en el próximo bimestre.
De esta manera, el petróleo venezolano podría modificar su previsto destino a Cuba y China por los puertos de EEUU, país con refinerías aptas para procesar ese producto extra pesado.
El presidente norteamericano se autoproclamó responsable de comandar un período de transición en el país venezolano, que implicaría la reapertura al capital privado en el país caribeño para la explotación de los hidrocarburos.
Este proceso demandará una fuerte inversión para adaptar la deteriorada infraestructura, de modo tal que la nación sudamericana recupere su capacidad productiva y trabaje con un horizonte de 3,5 millones de barriles días, como producía hace casi dos décadas.
Tras el ataque bélico y captura de Maduro se abren fuertes interrogantes acerca de cómo evolucionará la situación política y económica de Venezuela, país que posee una de las mayores reservas hidrocarburíferas del planeta.
Analistas consultados por distintos medios de comunicación presumieron que, de reanimarse la producción, esa mayor oferta podría deprimir los precios en el mercado internacional, que ya registran una tendencia a la baja.
Pero ese eventual efecto sólo se produciría a mediano plazo, sujeto a cómo evolucione la delicada situación del país intervenido con un procedimiento que vulnera normas internacionales.